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26 de noviembre de 2021

Alberto y Cristina juegan con fuego.

Los ministros del Presidente prometen moderación. Pero aparecen la ofensiva judicial de la Vice y el cepo al turismo.

No bastó la derrota electoral. No bastan la inflación que este año va a superar el 50%, ni la pobreza que se va a acercar a esa cifra. Tampoco los más de 1.800 puntos de riesgo país ni el dólar blue por encima de los 200 pesos. Alberto Fernández y Cristina Kirchner vuelven a encender los fuegos de la confrontación interna con el país y una sociedad agobiada como espectadores impotentes.

Cualquier motivo es excusa suficiente para que aparezcan las diferencias. Ahora que la derrota en la provincia de Buenos Aires fue menos violenta que en las PASO, el Presidente se permite algunas licencias en la tensión con la Vicepresidenta que hacía mucho no sucedían. Ese pequeño matiz de desobediencia hizo que dos de sus ministros, Julián Dominguez (Agricultura) y Matías Kulfas (Producción), salieran a torearlo públicamente al secretario de Comercio Interior y general de los congelamientos de precios, Roberto Feletti.

El economista, al que Cristina había imaginado incluso como posible reemplazo de Martín Guzmán después de las elecciones, planteó en los medios la posibilidad de subir las retenciones a las exportaciones de carne. Pero se encontró con la resistencia de Domínguez, que lo desautorizó delante de los empresarios de la Mesa de Enlace, y de Kulfas, que es de hecho su superior directo aunque jamás lo había ejercido. Sorprendido, el Círculo Rojo quiere creerle a las buenas intenciones de las palabras albertistas. Sucede que ya se han incinerado demasiadas veces.

En la misma línea, se puede anotar el anuncio del ministro de Trabajo, Claudio Moroni. Les prometió que a fin de año se terminará la obligación estatal del pago de una doble indemnización en caso de despidos que se volvió a instaurar con la pandemia. No fue una declaración a las apuradas ni un exabrupto para alguna radio. Lo dijo mientras hablaba en la escuela técnica del Grupo Techint en Campana. Lo escuchaban el presidente de la UIA, Daniel Funes de Rioja, y uno de los empresarios estigmatizados por el kirchnerismo, Paolo Rocca.

¿Volvió el albertismo? Aquel proyecto, que imaginaron algunos funcionarios alineados con el Presidente cuando combatía la pandemia codo a codo con la oposición y su imagen positiva arañaba el 80%, murió antes de nacer. Alberto eligió romper con ese modelo, ceñirse al mandato de Cristina y abrazarse a la radicalización. El resultado es este desmoronamiento, su imagen negativa en 75% y la derrota sin atenuantes en las elecciones legislativas.

Cuando se les hace esa misma consulta a los dirigentes kirchneristas, sonríen y se muestran despreocupados. “El albertismo es un partido abstracto; ya van a ver cuando sucedan las cosas”, advierten, sin aclarar nunca cuáles son esas cosas que van a pasar y que deberían dejar en claro que es Cristina la que manda en el campo de batalla.

Quizá se refieran a la ofensiva judicial con la que buscan aliviar la carga que aún pesa sobre la espalda de la Vicepresidenta. Ahora es la causa Hotesur la que más los preocupa y por eso es que han puesto en marcha una batería de presiones para lograr el sobreseimiento definitivo de Cristina, de Máximo y de Florencia Kirchner. El kirchnerismo no confía en el escenario futuro de la Argentina y prefieren limpiar rápido los obstáculos del camino.

Pero la referencia más clara de hacia dónde irá el país en los próximos dos años, la dará la magnitud del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. El jefe de Gabinete, Juan Manzur, dijo ante los empresarios del CICyP que quiere un acuerdo “que no impida el desarrollo de la Argentina”. Un rato antes de ese discurso, el ministro Wado de Pedro se reunía con ejecutivos de empresas españolas y les aseguraba que el kirchnerismo avalaba las negociaciones de Guzmán.

El ministro de Economía se preocupa cada dos minutos de aclarar que todos sus movimientos tienen el aval de Cristina. ¿Es realmente así? Un par de horas después de todas esas promesas, el Banco Central anunció un nuevo cepo, esta vez para quienes compran pasajes al exterior y podían pagarlos en cuotas y en pesos. Justo al turismo, que intentaba levantar cabeza. La única verdad es la realidad, decía Perón. Y la realidad es que, en dos años de rumbo incierto, la escarapela más visible del Gobierno sigue siendo la incertidumbre.

Fuente: Clarín.

 

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