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9 de noviembre de 2019
Y resulta que elegimos a un profe hablador
Con esta obsesión que me ha agarrado de husmear en la personalidad de Alberto Fernández, en los últimos días puse especial atención en qué dice y cómo lo dice…

Y resulta que, acaso barruntando mi expectativa, habla hasta por los codos.

No lo busquen en sesudas reuniones con sus equipos de trabajo preparando el rescate del país. Hay que seguirlo hasta México, donde estuvo tres horas con el presidente López obrador y 28 horas dando charlas, clases, entrevistas y conferencias de prensa.

Podemos ir configurando un perfil: los argentinos hemos elegido a un hombre que prioriza lo discursivo. ¿Les suena? Por contraste, Cristina se mantiene silenciosa, lo cual me inquieta.

Tengo miedo de que un día se rompa ese dique y nos ahogue en un torrente de palabras. Por ahora, el primer plano es para el profesor Fernández.

Pequeño paréntesis: lo llamó profesor porque él vive recordándonos, tres o cuatro veces por día, que es eso. Le encanta decirlo, escribirlo, convertirlo en su tarjeta de presentación.

Evidentemente está muy orgulloso de serlo. Lo llamo así, entonces, para congraciarme con él. Sospecho incluso que no seré el único en querer sacarle jugo a esa debilidad.

El vivillo de Grabois hará sus reclamos al grito de “profesor, el pueblo tiene hambre”. También lo llamo así por motivos genuinos: le reconozco una gran habilidad para explicar las cosas.

Es un docente, qué duda cabe. Durante diez años, nadie expuso mejor las patologías personales y políticas de Cristina, y, después, nadie nos habló con más clarividencia de los atributos excepcionales y de la pureza inmaculada de Cristina.

Quiero decir: un día nos enseñó que 2 más 2 es 4, y al día siguiente nos hizo ver que la cuenta da 3. En ambos casos, con una labia florida y convincente.

Me encanta cuando, tras su muletilla preferida, “miren…”, se larga a parlotear. Yo lo escucho y, aunque subo la guardia, me convence.

Por ejemplo, su revisionismo histórico sobre Bugs Bunny supuso una revelación: el que parecía un inocente conejito de la Warner, que en 2002 fue elegido el dibujo animado más grande de todos los tiempos, en realidad encubría a “un estafador”, un instrumento de dominación del imperio.

Abogado, profesor, elegido por Néstor para justificar todo y elegido candidato por la eximia oradora: no podíamos esperar otra cosa.

Así como en su momento me harté de las cadenas de la señora, ahora estoy esperando con ansiedad las de Alberto. “Miren, no tengo plan, pero tengo ganas”. ¡Dé cátedra, maestro!.

Sobre su gobierno todavía no se sabe nada, pero podemos imaginar que no nos faltarán explicaciones, incluso sobre las cosas más inexplicables. Y no habrá que interrumpirlo o desmentir, porque el tipo tiene su temperamento.

Estará latente el peligro de correr la misma suerte de Bugs Bunny. Bueno, pido perdón, lo que era un paréntesis corto se terminó estirando. Me mimetice.

Quiero reflexionar hoy sobre dos frases del presidente electo. En México dijo que Cristina no fue presa por tres razones: los jueces no le encontraron pruebas, detrás de ella estuvo el peronismo y la gente le dio fueros al elegirla senadora.

A ver. Como pruebas hay por todos lados, habría que meter presos a los jueces. ¿El peronismo? Sobran evidencias de que no era el PJ sino el gobierno de Macri el que la necesitaba libre. Respecto de los fueros, es cierto: se los dieron al votarla.

Pero también se los dieron a De Vido, y hasta el kirchnerismo votó su desafuero. Hoy don Julio sigue atentamente los acontecimientos desde el penal de Marcos Paz.

Profesor, su tesis sonó muy bien a los oídos mexicanos. Gran relato. Para consumo interno debería buscar otra historia. Por ejemplo, que los guardiacárceles se negaban a recibirla. No estaban dispuestos a escuchar tres discursos por día.

La segunda declaración apareció en la entrevista que le dio al expresidente de Ecuador Rafael Correa para la TV estatal rusa. Dijo que el país no está en condiciones de pagar su deuda.

Anunció un default. ¿Le creemos? ¿No estará queriendo negociar desde una posición de fuerza? Yo le creo. No va a pagar.

También le creí cuando, tres días antes, dijo en México que la Argentina es “un pagador serial” y que correspondía cumplir con el FMI porque la deuda fue contraída por un gobierno democrático.

Le creí cuando lo caracterizó a Kicillof casi como un ignorante y cuando, hace poco, le elogió su inteligencia. Siempre le creo. Eso sí, no me gustó que le anunciara el default a un prófugo de la Justicia que está a sueldo de Putin.

Hubiese preferido que se lo dijera a Maduro. Las afirmaciones de Alberto lamentablemente les quitaron algo de cartel a otras frases célebres.

Hugo Moyano dijo que “los periodistas tienen que pagar por lo que hicieron”. Me parece que hablaba de Víctor Hugo Morales, Brancatelli y Roberto Navarro. Santiago Casero, probable jefe de Gabinete, calificó a Macri como “el peor presidente democrático desde el 83”.

En segundo lugar seguramente ubica a Cristina. Roberto Fernández, jefe de la UTA, le aconsejó al nuevo gobierno “darle a la maquinita” para repartir plata entre los pobres.

Inmediatamente se declaró pobre. Y Macri aseguró que “hay gato para rato”. Mauricio, usted se merece un descanso.

Profesor, ya falta menos. olvídese de planes. Prepare el micrófono. Le anunció el default al prófugo Correa; yo hubiese preferido que se lo dijera a Maduro.

Carlos M. Reymundo Roberts Para La Nación.



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