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24 de octubre de 2019
¿Se terminan las especulaciones…?
Editorial Oscar Muñoz, jueves 24 octubre 2019.-

Mi ignorancia, -seguramente- no me permite comprender, como al autor de YPF/Repsol "no le pagamos nada" y nos costó 6 mil millones de dólares, "no hablo de pobreza por estigmatiza", "al Club de París nada" hablo de Axel Kicillof y le regalamos miles de millones de dólares.

O la autora de la pobreza en Argentina era del 5%, mi ignorancia no me permite pensar que sean la opción electoral, y que todo el aparato mediático se empeña en ensalzar, con un pésima memoria de todo lo que hicieron?…

Y en Argentina, mientras tanto, ¿por qué estamos tan calmados?, ¿por qué, si somos expertos en estallidos sociales, no tenemos ni un pequeño corte de ruta, ni siquiera un piquete en Plaza de Mayo, y apenas si logramos organizar una pequeña manifestación donde los únicos golpeados fueron algunos periodistas que se atrevieron a hacer su trabajo?

Es claro que las inminentes elecciones son la válvula de escape de expectativas y demandas que, de otro modo, tal vez estarían expresándose y no de modo muy pacífico, en las calles.

Pero la cuestión es entonces: ¿va a seguir siendo así pasadas las elecciones, las demandas desatendidas y el malhumor social se van a seguir canalizando pacíficamente, vamos a seguir dando el ejemplo, que nadie hubiera esperado justamente de nosotros, o todo se va a complicar? Se interroga el Dr Marcos Novaro…

Lo distintivo de nuestra situación actual es, además, que hay plena certidumbre de lo que pasará de acá al domingo a la noche, las encuestas aseguran que esta vez no van a fallar, ya se ha formado una voluntad ciudadana que parece saber lo que quiere y cómo conseguirlo, así que no hay motivos para el miedo, la bronca o el desorden.

Pero esa certeza termina justamente a las 0 horas del lunes 28. Cuando suenen las doce, lo que parece un carruaje triunfal va a convertirse en lo que realmente es, calabazas y ratones, y entraremos en un cono de total incertidumbre.

¿No florecerán justamente entonces motivos para una convulsión “a la Argentina”?

¿Qué pasa si la expectativa de que las elecciones resuelvan las cosas se convierte muy rápido en una frustración, ante la evidencia de que tan fácil no es, porque los problemas siguen e incluso pueden empeorar si no se actúa rápido y coordinadamente?

Las elecciones podrían, tal vez, resolver la salida de un gobierno desprestigiado y la llegada de otro que ha alimentado expectativas disímiles. Pero no podrá evitar la continuidad del ajuste, y si lo intenta lo que logrará será desordenarlo aún más, volverlo del todo incoherente.

Por ejemplo, si para no seguir el camino de Chile y Ecuador, se decidiera continuar el congelamiento de tarifas y combustible, tendría que aumentar subsidios y emitir dinero, enfrentar el retiro de inversiones y tal vez de los propios inversores, con los consecuentes juicios y desabastecimiento.

¿Qué hará el nuevo gobierno -cualquiera sea- si se ve pronto, en una situación parecida a la que enfrentan sus pares de Santiago y Quito, y encima quien se frota las manos detrás no es Maduro y su banda castrista, si no esa derecha, a la que se ha cansado de denostar por el ajuste?

Realmente, va a ser instructivo verlo.

Desde octubre del año pasado, el Fondo Monetario hizo cuatro pronósticos sobre la inflación Argentina de 2019 y erró los cuatro. Peor todavía: los corregía y volvía a equivocarse, y siempre con diferencias enormes respecto de los índices de precios que iban saliendo. Escribía el periodista Alcadio Oña.

La primera estimación, del IPC de octubre de 2018, dijo 20%; la segunda, ya de este año, 31,7%; en la tercera puso 40% y en la última, la semana pasada, levantó la vara al 57,3%, esta cifra se parece bastante al 54,9% que ahora calculan varios estudios privados, solo que, limpia de polvo y paja, la cuestión está en que el 57,3% supera nada menos que en 37 puntos porcentuales al muy módico 20% del comienzo de la serie.

Cualquiera puede fallar, aunque no hay manera de justificar semejante pifiada. Y si es cierto que los funcionarios argentinos tuvieron arte y parte en las estimaciones, el punto es que el FMI las aprobó. También, que a partir de ahí se construyeron políticas de altísimo impacto económico y social.

Detrás de los errores asoma el rotundo fracaso del modelo que se usó para enfrentar la inflación. Un modelo sostenido en dos pilares que expresaron, sin anestesia, el más puro, clásico y rancio recetario del FMI.

Uno de ellos consistió en pasar de un déficit primario, sin computar intereses, del 3,8% de 2017 al equilibrio o a un rojo del 0,5% en 2019. En plata, un ajuste equivalente a US$ 13.800 millones en apenas dos años. El otro pilar fue un torniquete monetario que llegó a poner la tasa de interés en el 86% -hoy al 65%-.

Todo de golpe, el plan agudizó el parate económico pero no sirvió para aquello que debía servir, y no porque la inflación Argentina fuese un demonio ingobernable o un galimatías surgido del bimonetarismo. Ocurre que se trata de un fenómeno complejo, que responde a causas múltiples y que, por lo mismo, no se cura sólo con remedios ortodoxos.

Valen a propósito, algunas conclusiones de un trabajo del economista José Alberto Bekinschtein, que hace foco en los resultados de las políticas aplicadas en los últimos 70 años o 59, excluyendo las transiciones entre gobiernos y la guerra de Malvinas.

Estos Fueron agrupados en períodos, según el signo si se quiere ideológico de cada uno: 28 de gestiones consideradas neoliberales y 31 de las llamados intervencionistas o estatistas. Por fuera de los colores aparece allí un dato común, crudo, que es toda una revelación.

Dice que solo en uno de esos 59 períodos la inflación promedio resultó inferior al 10% anual: el 8,4%, entre los años 2004 y 2007, tras el durísimo ajuste duhaldista que le limpió el terreno al kirchnerismo. En los 58 restantes, que es como decir algo más de medio siglo, el indicador siempre anduvo arriba o muy arriba del 14%. En los dos dígitos.

Con sus más y sus menos, al interior de la zona de los dos dígitos hay para todos los gustos. Hay desde el primer peronismo y la auto titulada Revolución Libertadora, hasta la última dictadura militar, pasando por los años del regreso de la democracia, por el cristinismo y finalmente por el macrismo.

Pero como la economía ordenada y en calma es cosa de otros mundos, aquí tendremos pronto al Fondo Monetario y a la deuda apretando juntos. Apretando a Mauricio Macri o Alberto Fernández, al que le haya tocado ganar el 27 de octubre.

Otra pieza clave del tablero financiero son los vencimientos: sin contar los que caen en pesos, hay alrededor de US$ 1.400 millones hasta diciembre y US$ 11.900 millones sólo en el primer semestre de 2020.

Preguntas obvias: ¿alcanzarán las reservas del Banco Central? ¿O en algún momento será inevitable cortar el chorro? Tiene la palabra Guido Sandleris, el jefe del BCRA que administra las reservas y corre con los riesgos, a corto y a mediano plano plazo, de que alguien le pida rendir cuentas por lo que hizo.

Con la inflación de 2019 rumbo al 60%, una nueva devaluación equivaldría a meterle más leña a un fuego que quema por todas partes. Y hablar de un 60% implica hablar de la indexación, a ese nivel, de las jubilaciones, de las pensiones y de unos cuantos planes sociales, esto es, de más de la mitad del gasto público.

Otras preguntas obvias: ¿el desarme de las indexaciones y el congelamiento de precios y salarios que proyectan cerca de Alberto F. incluirá ese paquete? ¿Y también las tarifas de la electricidad, del gas y los combustibles? Hay quienes piensan en una ley, de modo de sancionar los incumplimientos al acuerdo.

Salta evidente que, sea Macri o sea Fernández, urge desatar semejante nudo. La inflación representa lo que se sabe, un fenómeno que encadena desajustes e inequidades. Si es por el FMI, su último pronóstico ha planteado 39,2, casi 40%, para el 2020.

Kristalina Georgieva, la búlgara que reemplazó a la francesa Christine Lagarde, ha aclarado que antes de sentarse a negociar quiere conocer el plan del próximo gobierno.

Pero hay que volver a ciudad gótica, Río Gallegos, como se había dicho la CSJN, le dio la razón a Santa Cruz y otras provincias con respecto al descuento del IVA y al impuesto a las Ganancias, indicando que no afecte los recursos de coparticipación, por estas horas el Gobierno nacional informó que comenzaba el envío del dinero a las provincias.

Como dio a conocer hoy Radio News, por la mañana, la cadena de la alegría y el ánimo rentada –que tantos millones nos cuesta a los ciudadanos- solo abundó en las habituales mentiras verdaderas del relato oficialista…

El monto total para las provincias demandantes eran unos $ 674 millones y a Santa Cruz, le tocaría en este primer envío unos 22 millones de pesos, luego el resto, será en cuotas que llegan hasta el año 2020. Modalidad, que bien conoce la administración de Alicia Kirchner, que suele después de congelar salarios y jubilaciones, entregar compensaciones también en cómodas cuotas, por tanto no debería sentirse molesta la administración, pues se aplica su misma medicina contable…

Y siempre según el sitio web Winfo.com.ar en las últimas jornadas Santa Cruz percibió 292,6 millones de pesos de Coparticipación Federal de Impuestos, una cifra que triplicó el promedio diario que percibe por transferencias automáticas. Que tal vez, nadie lo sabe a ciencia cierta,  incluiría la devolución del dinero recortado a la coparticipación.

Y mientras solo un gremio levanta la voz –por ahora- realizando paros y pidiendo reunión paritaria con algún ofrecimiento salarial, hablo del gremio de los maestros, se conoció que en los 23 días de octubre ingresaron a Santa Cruz por Coparticipación Federal de Impuestos, 1.206,4 millones de pesos. En septiembre la provincia percibió durante todo el mes, 1.702,6 millones.

Con todo esto, sigue el relato, la sumisión, la paz social y la alegría en los jubilados, médicos, enfermeros, policías, empleados públicos y familiares de la comunidad pública, que siguen votando y premiando al gobierno de Alicia, Kirchner, que aún no termino estos cuatro años, y le espera otro regalo, con otros cuatro años más…

¿se alzaran, con el premio, también de ciudad gótica? ¿Qué puede salir mal, si los siguen votando?… nada absolutamente, nada…

Que Dios nos ayude…



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