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23 de agosto de 2019
La memoria, un faltante del ciudadano de a pie…
Editorial Oscar Muñoz, viernes 23 agosto 2019.-


Dentro del maremágnum de malas noticias que vivimos, plagados de incertidumbres, hay que hacer memoria, porque si no, algunos se pueden equivocar, no cabe duda estuvimos peor, porque ya pasamos esta misma situación.

CF, llevó en su último gobierno el dólar de $4 a $14, devaluó más lentamente, pero lo hizo, ahora con Macri fue de $14 a $57 hasta el momento, también devaluó, pero en este caso fue más rápido.

Lo mismo aplicaría para hablar de Santa Cruz, en el año 2016, Alicia Kirchner, decía que la provincia estaba quebrada, que el gobierno nacional la asfixiaba, que le regateaba fondos.

Luego vendría la mágica etapa del superávit, siempre también gracias al gobierno nacional, y ahora nuevamente, estamos en el borde del desfiladero y tal vez –dicen- no alcance para pagar sueldos, y habría que conseguir financiamiento, mientras tanto, recurren a la CSJN con una medida cautelar, sumándose al operativo destituyente.

Son ciclos negros, antes fue CF, contra el gobierno del pj que gobernó Santa Cruz hasta el año 2015 y ahora comentan, no me consta, lo es Macri contra Alicia Kirchner. Todos parece, que hacen lo mismo, la diferencia no es como antes, ahora, se sabe cuál es la verdad…aunque seguramente todos mienten, en tiempo turbulentos.

La constante de la falta de memoria, es un elemento unificador, CF no solo se negó a transferir los atributos del mando sino que sus ministros les privaron a propósito, información a las autoridades que entraban.

Si estuviéramos en cualquier otro vecino país, de la región fuera de Venezuela no tendríamos dudas que el 10 de diciembre Macri asumiría su segundo –y último- mandato, o se los transferiría a Fernández.

Desgraciadamente, sabemos que si bien es altamente probable, ni siquiera es del todo seguro. Cuestión que evoca un déficit profundo de nuestra cultura política e institucional cuyas claves se ubican en el curso secular de nuestra democracia recién consolidada desde 1983.

Según Jorge Ossona historiador y miembro del Club Político Argentino, a lo dicho, que todo se le suma a esos interrogantes de nuestro devenir y que nos acecha desde hace décadas.

Por caso, ¿cuál será la fórmula de crecimiento económico sin la cual ningún programa –ni de “ajuste neoliberal” ni de redistribucionismo “nacional y popular”- serán viables como lo prueban todos, sin excepción, sus anteriores experimentos fallidos?

También conviene en este orden partir de un problema elemental. La Argentina ha crecido desde el agotamiento del patrón desarrollista a principios de los 70 a una tasa promedio anual del 0,7%.

Ese mero antecedente explica de por sí, varios problemas, entre los que se destacan la acuciante pobreza suburbana extendida en todo el país y concentrada en el GBA, de la cual Río Gallegos o Santa Cruz, no es ajena.

Desdichadamente, nos acostumbramos a los reclamos de agua, gas, electricidad o cloacas, de cientos de miles de ciudadanos que viven en la periferia de esta ciudad y otras tantas del resto de la provincia. Sin ir muy lejos Caleta Olivia, es ejemplo del atraso en el que está hundida la provincia, la sorpresa, es cuando abren la canilla y tienen agua, pues la costumbre indica que siempre les falta.

Como contrapartida, aquí locamente el supuesto estado protector, el redistribucionismo a expensas de nuestras exportaciones necesariamente subsidiado por un Estado débil y deficitario conduce a otra trampa: la insuficiencia de dólares para comprar los insumos que requiere el funcionamiento de la economía en su conjunto. El indicador insignia del síndrome es el tipo de cambio.

¿Cómo superar estos bloqueos políticos y económicos espejados recíprocamente y volvernos al menos un poco más predecibles? Se trata de un serio nudo cultural de resolución aún indefinida y aparentemente remota.

Se cifra allí, nada menos que una existencia colectiva un poco más digna que la que sobrellevamos desde hace décadas. Y Santa Cruz, no la tuvo, ni tal vez tampoco la tenga, pues sigue el mismo régimen político en forma inagotable.

Según el Médico psiquiatra Hugo Sigman: “Los argentinos, deduzco que una parte de los santacruceños, también fuimos sorprendidos por el resultado de las PASO, que no pudo ser anticipado por prácticamente ninguna encuesta.

Algunos expertos explicaron después que una de las razones del fracaso de los sondeos es que los entrevistados escondieron sus verdaderas opiniones a pesar de que los sofisticados sistemas de investigación que se utilizaron tenían, en teoría, recursos para prevenirlo”.

¿Por qué los argentinos desarrollaron un método para no expresar con libertad sus preferencias políticas? ¿Por qué se negaron a "confesar" lo que iban a votar? ¿Qué nos dice eso sobre la Argentina actual?

Bajo gobiernos dictatoriales, los ciudadanos esconden sus opiniones por temor a ser detenidos, torturados o asesinados. No es esta la explicación para la Argentina de hoy, país que felizmente goza de libertades plenas.

Pero en contextos democráticos los seres humanos también podemos vernos tentados a ocultar nuestras costumbres, hábitos y opiniones, en este caso por temor a un rechazo o sanción moral de los que nos rodean, ante el riesgo de ser excluidos socialmente o poner en juego relaciones que pueden afectar nuestros afectos o intereses económicos.

Pero ¿por qué en un país democrático como el nuestro los ciudadanos esconden sus preferencias? ¿Cuáles son las condiciones que crean ese temor a expresarse con libertad? Quizás un ejemplo contribuya a explicarlo.

Desde hace algunos años, si uno se encuentra en una reunión en la que la mayoría de los presentes vota a los k y se atreve a mencionar algún acto de gobierno positivo del macrismo, la respuesta suele ser primero una mala cara y luego la acusación de estar defendiendo a un gobierno que hambrea al pueblo y entregó el país al capital financiero.

Si, por el contrario, uno se encuentra rodeado de simpatizantes del macrismo y destaca alguna decisión de CF, la mala cara se repite, en este caso seguida de la sospecha de haber realizado algún negocio con el gobierno que se robó el dinero de los argentinos.

Quién no ha vivido, soportado y disimulado, la grieta en Río Gallegos, en Santa Cruz. Cuando se pudo hablar con tranquilidad, sin sentirse observado, o que alguien mencione, no siga hablando, porque puedo tener problemas, lo sé , lo conozco, lo sufro, al igual que muchos ciudadanos de a pie, no militantes.

Lo sorprendente es que si esas opiniones se hubieran formulado sin decir que se trata de medidas aplicadas por Macri o CF, seguramente hubieran sido aceptadas con entusiasmo por los mismos que las rechazan con pasión por conocer su origen.

A menudo, importa más el quién, que el qué. No hay matices ni claroscuros, solo blanco y negro para algunos sectores -incluyendo muchos periodistas- que se han fanatizado hasta el absurdo. Esto, que aquí llamamos grieta, no es un invento argentino, sino la consecuencia de una teoría de la política que se aplica globalmente y que encuentra ejemplos en la campaña por el Brexit en Inglaterra o el triunfo de Donald Trump, en Estados Unidos.

Aproximadamente, consiste en estimular la polarización de las preferencias y las opiniones sobre la base de argumentos importantes que, a partir del conocimiento de la psicología de la especie humana, tienden a agudizar sentimientos intensos y profundos, y que en el caso argentino vienen dando rédito político a tirios y troyanos, complicandonos la convivencia desde hace muchos años.

En este contexto, frente al riesgo de ser censurado y "castigado" por cierto grupo de pertenencia, muchos argentinos, y otros tantos santacruceños, se fueron haciendo expertos en el arte de esquivar los debates espinosos, mantenerse en silencio para evitar que la discusión escale, levantarse de la mesa a buscar algo cuando alguien deja caer la primera provocación y, finalmente, ocultar sus preferencias, qué es lo que impidió que los encuestadores acertaran con sus pronósticos.

Pero esto podría estar cambiando. Afortunadamente, ya son muchos los ciudadanos de nuestro país, incluyendo líderes políticos, que han comprendido que las estrategias de polarización ya no son tan útiles, todo ello como resultado de las PASO, que terminó de confundir a millones, que consideraban que la corrupción pesaba, por sobre el bolsillo. Se equivocaron.

No se trata de desconocer las diferencias ni de cancelar los debates programáticos ni de aspirar a una unanimidad imposible: la democracia implica diferentes opiniones y proyectos, que se someten a la voluntad de los electores.

Se trata de entender que, dada la gravedad de nuestros problemas, las soluciones implican el esfuerzo conjunto de una gran mayoría de argentinos, la construcción de políticas de Estado que trascienden un determinado gobierno y la articulación de amplias mayorías parlamentarias, es imprescindibles.

Pero para ello primero es necesario dejar de lado las estrategias que dividen a amigos y familias y que han alejado innecesariamente a muchos compatriotas y trabajar para recuperar un piso de convivencia que nos permita enfrentar los enormes desafíos que vienen.

A ver si comprendemos, que todo pasa por el dinero, y el poder que este implica. Según datos del Banco Central, en julio cerca de 1.548.000 ciudadanos argentinos, e inclúyase y destáquese a santacruceros que también, compraron dólares.

Siempre son ciclos, el pico mensual anterior de compradores de dólares, había registrado en julio de 2018, con alrededor de 1.350.000 personas. El tema central, es siempre la falta de memoria, esto ya pasó, y nada indica que no seguirá sucediendo, el argentino medio es oportunista, en lo financiero y tal vez tenga razón, podría decirse que se protege, que cuida su dinero.

Dicho esto, porque las compras promedio fueron de u$s 1486 por persona durante el mes pasado, por debajo del promedio del mismo mes de 2018 cuando los compradores promediaron adquisiciones por u$s 2010 cada uno. Las cifras indican, que es el trabajador, el empleado, que tiene aún capacidad de ahorro, y se refugia en el todo poderoso billete verde, el dólar, con la idea de protegerse de la caída de poder de compra del vapuleado y despreciado peso argentino.

Se también, y en honor, a lo que no jueguen en esta oportunidad, que tiene memoria, y siguen cuidando sus pesos de la mejor forma, o guardándose en la casa, o en la caja de ahorro, porque consideran que deben ser fiel a él, como unidad de representación financiera nacional.

Igualmente, debería decir, que aquellos que optan en contrario, muchas veces han sufrido cepos, corralitos, confiscaciones, mentiras, promesas incumplidas, y quien siempre ha perdido es el ciudadano de a pie, aquel, que tiene pocas o nulas formas de defender su jubilación o sueldo, por eso es tan importante, la memoria, recordar, que todo esto lo hemos pasado, y no es solo obra del gobierno nacional actual, bien que el hizo cosas mal, pero son setenta años, de promesas incumplidas y de un populismo extravagante, que siempre gasto por medio de los políticos, mucho más de lo que produjo.

La receta, actual salió mal, pero también las anteriores, solo que vivimos de espejitos de colores, creyéndonos que nos regalaban todo, y que era además una obligación del Estado, ahora vamos a pagar otra vez, la factura de una fiesta, a lo que no fuimos invitados aquí en Santa Cruz, nunca fuimos consultados si nos gustaba gastar cinco millones de pesos para que vengan unas horas grupos musicales, que construyeran galpones de chapa y cartón, para el Instituto que antes construía viviendas, la agencia espía de inteligencia tributaria, el ex canal de tv, y tantos otros, que cuando se los ve son solo eso, depósitos de chapa y cartón, anti funcionales, feos y carísimos.

Por eso vale volver al tema de la memoria, no hay donde y ni porque quejarse, el gobierno de Alicia kirchner fue reelecto y  miles de ciudadanos los apoyaron con su voto, el resto, los disconformes y los votos en blanco que son mayoria, de nada sirven ya.

Alguien me dijo, que uno, siempre vuelve a lo lugares donde fue feliz, soy absolutamente sincero, aquí lo fui, todavía lo soy, en Gobernador Gregores, en Río Gallegos, en Santa Cruz, pero me manifiesto moralmente cansado, agotado de pensar que algún día todo será mejor, que algo cambiara para bien.

Pero, todo seguirá como siempre estuvo, sin inmutarse al menos por otros cuatro años más, ni siquiera quedó tiempo para lamentos, porque, casi sin darme cuenta, comprendo, que es demasiado tarde para lágrimas…     

Que Dios nos ayude…

 


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