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POLITICA

11 de diciembre de 2017

Traición a la Patria, un certificado de defunción política.

No hay peor delito ni más degradante que ser Traidor a la Patria. Agencia OPI Santa Cruz.-

La Ley establece: (Art. 214) – Será reprimido con reclusión o prisión de diez a veinticinco años o reclusión o prisión perpetua y en uno u otro caso, inhabilitación absoluta perpetua, siempre que el hecho no se halle comprendido en otra disposición de este código, todo argentino o toda persona que deba obediencia a la Nación por razón de su empleo o función pública, que tomare las armas contra ésta, se uniere a sus enemigos o les prestare cualquier ayuda o socorro.

Ahora bien, todo esto se potencia y agrava si quien comete el delito es un presidente y su gabinete, porque se entiende que utiliza las políticas y la suma del poder público que le confiere el Estado para perjudicar al país y atentar contra sus propios intereses soberanos.

Tan grave es esta figura en la historia de la humanidad, que en Inglaterra de la antigüedad la alta traición era castigable con una ejecución conocida como hanged, drawn and quartered (hombres) o quemado en la hoguera (mujeres), aunque la decapitación podía ser sustituida por el mando real (por lo general por la realeza y la nobleza). Estas sanciones fueron suprimidas en 1814, 1790 y 1973.

La evolución que tuvo la humanidad y la dinámica de los países, las culturas y la justicia en el mundo, erradicaron hace mucho tiempo el castigo con la muerte, pero aún modificado en los códigos, el delito de traición a una nación, mantiene el mismo tinte degradante de la persona, como lo tenía hace 200 años.

El delito de Alta traición o Traición a la Patria y “Encubrimiento agravado”, por el cual se los juzga a la ex presidenta Cristina Fernández, Timerman, Zannini, Luis D'Elía, Esteche y Khalil, entre otros, es el más degradante que pueda enfrentar un ser humano, equiparable con los crímenes de lesa humanidad por el enorme impacto moral que tiene y los bajo que hace caer en la opinión pública a quienes son acusados de este aberrante delito. De hecho quien lo sufre termina definitivamente con su vida política pública, ya que, además de la cárcel que le pueda corresponder hay una prohibición de por vida, para ejercer cargos en el Estado.

Ni siquiera Néstor Kirchner se animó a tanto, o tal vez será porque el padre del FPV tenía perfectamente claro cuál era su propósito y qué fin perseguía desde el poder y tuvo la suficiente claridad para percibir dónde estaba el verdadero enemigo del país, pero también, de sus intereses personales y políticos. Sabía que traspasar determinada línea, era imprudente.

Ser acusado de Traidor a la Patria es lo más vergonzoso que le puede pasar a un ciudadano y más aún cuando ocuparon los cargos más altos en la nación y fueron los articuladores de las políticas de un país; porque se entiende que se sirvieron de su posición dominante para negociar con los enemigos de la Argentina y tal como se da en este caso puntual, buscando darle impunidad a terroristas que asolaron a nuestro país, vendiendo al mejor postor la sangre de cientos de argentinos.

Las causas de corrupción, lavado de dinero, vinculaciones con el narcotráfico y las asociaciones ilícitas que se conformaron en la década pasada, son muy importantes pero ninguna tiene el tinte degradante para la persona como el de ser acusado de traicionar a su país. No pocos de los imputados por traidores, preferirían lidiar como Lázaro, Manzanares y López con sus causas como lastre, que estar expuestos a esta vergüenza nacional e internacional, la cual les colgará un yunque en el cuello, el cual jamás permitirá que salgan a flote.

Hubo un tiempo que a los traidores no los mataban, pero los desterraban. No les permitían vivir en el país, en la nación a la que ellos habían traicionado. Hoy los traidores a la patria, tienen la posibilidad defenderse ante la justicia, pero difícilmente podrán quitarse la mancha social. Por eso la resistencia, de ahí la batalla pírrica que dan; saben lo difícil de vivir en el limbo de las sospechas de traicionar a su país, en beneficio de los asesinos de decenas de argentinos, en brutales actos terroristas.

¿Y de sus cómplices qué?. No debemos olvidar las manos levantadas en el Congreso nacional, aprobando el vergonzoso memorándum que, ahora sabemos, hasta la redacción pertenece al enemigo terrorista, los iraníes. Es decir, la poca o inexistente calidad moral de nuestros gobernantes, admitió que el propio país terrorista que debía ser juzgado, se autoinfligen “justicia”, en beneficio propio. Un desquicio, por donde se lo mire.

Muchos de aquellos cómplices de los traidores a la patria, tal vez podríamos decir traidores por omisión,desconocimiento o comisión, para morigerar su responsabilidad de obedientes indebidos, siguen hoy en la guarida en que han transformado a Diputados y Senadores que ya perdió el mote de “honorable”. Unos andan desperdigados por ahí en sus provincias, otros siguen aún prendidos a la beca pública y algunos, tal el caso de Pichetto, como el camaleón se transforman y reformulan según venga el viento de cola o popa, pero siempre caen parados. Claro, Pichetto sabe hasta dónde puede tirar de la cuerda y si su otrora jefa queda huérfana de protección con el desafuero que pide el juez, el rionegrino sospecha que a la vuelta, pueden venir por ellos.

En un gobierno de corruptos no se puede pedir más que corrupción. Vivimos 12 años con lo peor de la política vernácula. La traición no es ajena a la acción de un régimen que ha tenido como líderes e impulsores, a gente sin formación política ni ciudadana, sin convicción del ser nacional ni amor por la Patria, solo amaron el valor del dinero espurio, trabajaron para el enriquecimiento personal, buscaron el poder permanente y en ese tránsito, mataron a un fiscal y no miraron lo que debían pisotear, aunque una de esas cosas fuera la bandera Argentina.

Agencia OPI Santa Cruz.

 

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