GENTE  4 de enero de 2018

Una muerte vales más que otra.

​El líder qom analiza por qué la muerte de Rafael Nahuel no generó el impacto que la de Maldonado.

Félix Díaz había dicho que si el artesano fuera indígena, “lo ignorarían”. A un mes del asesinato del joven mapuche en Bariloche, no hay reclamos masivos de Justicia.

“Si Santiago Maldonado fuera indígena lo ignorarían”. La frase la había dicho el líder qom Félix Díaz en septiembre, cuando la Argentina estaba en vilo por la desaparición del artesano. Sus palabras fueron una especie de presagio: el 25 de diciembre se cumplió un mes del asesinato de Rafael Nahuel, el mapuche que murió en la zona del Lago Mascardi en Bariloche, asesinado por la espalda por el Grupo Albatros, pero la fecha pasó prácticamente inadvertida. No hubo movilizaciones ni reclamos públicos de justicia. Ese contraste no es el único hecho que le da la razón al dirigente, quien denunció que, sólo en la última semana, murieron dos mujeres aborígenes en Formosa por falta de asistencia médica y dos menores en Salta por desnutrición.

Díaz está convencido de que la sociedad tiene una doble vara: “Si nosotros convocamos a una marcha, apenas juntamos 500 o 1.000 personas y esa es la gran diferencia que se vio con la muerte de un militante social que no era indígena”, asegura.

Los casos de Maldonado y Nahuel fueron diferentes: el primero estuvo desaparecido 79 días y todavía se desconocen completamente las circunstancias de su muerte. En el segundo, la Justicia confirmó que Nahuel recibió los disparos de los Albatros y se descartó que haya habido un enfrentamiento entre la fuerza y los mapuches, como había informado el Gobierno. Pero, para Díaz, ese no es el motivo que explica por qué una y otra muerte fueron valoradas de forma diferente. La razón, dice, está en la discriminación que sufren los pueblos originarios: “Yo tengo un sobrino desaparecido desde noviembre del 2016 y nadie lo busca”, cuenta. Se trata de Marcelino Olaire. Lo último que se supo de él fue que la policía lo había llevado a un hospital por un problema con las drogas y, cuando los padres lo fueron a visitar, les dijeron que se había fugado. Díaz está convencido de que detrás de esto puede haber un mensaje a él por cuestionar a los gobiernos locales.

Invisibles. Díaz cuenta que en la última semana se produjeron, al menos, cuatro muertes más. Ramona Moreno era wichi, tenía 36 años y era de Pozo del Tigre, en Formosa. “Estaba mal. Su hermano quiso internarla en el hospital pero no los recibieron. Alquiló un vehículo porque no la trasladaban en ambulancia y se fue a la comisaría a presionar para que fuera asistida por un médico. De ahí se fue a Las Lomitas, donde estuvo varios días y después a Formosa. Terminó muriendo”, cuenta Díaz. Estela Yerbal era qom, tenía 39 años y era su sobrina: “Murió esta semana en la misma situación. Sin atención”.

“Dos días antes habían muerto en Salta dos criaturas por desnutrición”, agrega. En contraposición, desde el gobierno salteño sólo confirmaron el fallecimiento de una beba de 3 meses en el Paraje Celibar, pero a causa de “neumopatía y sepsis sin deshidratación ni desnutrición”. Pero Díaz insiste: “Los indígenas se están muriendo sin agua, sin comida, sin vivienda y sin nada. Somos la última categoría de la sociedad”.

 

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